Columnas y Opiniones

Juan Pablo Couyoumdjian

Investigador Facultad de Gobierno

En términos de política económica, por mucho que “las cosas se estén haciendo bien”, al final del día los resultados también importan. Puede ser muy pronto para evaluar la naturaleza del “proceso” de conducción económica que se está llevando a cabo, que en principio parece “bien organizado”, pero eso no va a eximir a las autoridades de mostrar también logros concretos.

En el fútbol, frente al cortoplacismo resultadista implacable de los hinchas, hay un concepto muy definido y que en este período mundialero está apareciendo una vez más: “el proceso”. Para sus seguidores este concepto representaría la idea de que es importante trabajar en un proyecto futbolístico global y de largo plazo, que vaya más allá de los resultados inmediatos o de corto plazo.
Como es obvio, no hay casi ninguna actividad o industria donde sea posible resistir una seguidilla de resultados adversos en el corto plazo. En la medida que las cosas se están “haciendo bien” es razonable esperar resultados positivos. Pero es inevitable que la paciencia con un “proceso” que no ofrece resultados tenga un límite. La “mala suerte” (que en materias futbolísticas se puede hacer extensiva a un sinnúmero de consideraciones) no puede ser una excusa permanente. Y todo esto es independiente de si los hinchas son “racionales” o “irracionales”. Por otra parte, nótese que la “buena suerte” puede esconder un desorden organizativo y la falta de planificación. En el contexto futbolístico todos estos casos son muy conocidos.

Dentro de límites razonables, las analogías futbolísticas son útiles en numerosas situaciones (o, por lo menos, así lo creen las personas futbolizadas). En particular, aquí queremos argumentar que el concepto que discutimos es relevante respecto del manejo de la política económica.
En términos de esta última, por mucho que “las cosas se estén haciendo bien”, al final del día los resultados también importan. En este escenario las características del denominado “proceso” son menos ambiguas que en términos futbolísticos. Dado que no todos los “procesos” son igual de buenos, en el fútbol la expresión más usada por los exponentes de esta doctrina es la de un “proceso serio” que, sin embargo, resulta bastante vaga. Si bien la ciencia económica no es exacta como las ciencias naturales, la teoría nos entrega distintos tipos de criterios que nos puede ilustrar sobre cuán bien (o mal) se están haciendo las cosas.

Por otra parte, se puede conceder que en la evolución macroeconómica de los países la suerte importa. Eventos naturales o shocks externos inesperados van a tener efectos económicos internos. Variables políticas también deben ser consideradas. Hay numerosos ámbitos en los cuales la política económica está influenciada por consideraciones políticas, empezando por la relación de un gobierno con el poder legislativo. Pero, en general, la historia económica y la experiencia reciente en distintas naciones nos enseña que las administraciones económicas tienden a apelar al factor suerte de forma asimétrica: en situaciones donde la evolución económica es pobre, ésta tiende a aparecer como un factor explicativo relevante, mientras que esto no ocurre en los casos cuando el desempeño económico es positivo.

En la coyuntura actual de nuestro país puede ser muy pronto para evaluar la naturaleza del “proceso” de conducción económica que se está llevando a cabo. En principio, parece un proyecto bien organizado. Pero eso no va a eximir a las autoridades de mostrar también logros concretos, en indicadores relevantes para la población. Más allá de una recuperación respecto del desempeño asociado al proceso del gobierno anterior, éste debiera suponer una fase de crecimiento económico con generación de empleos sostenible en el tiempo. Si bien sobre-reaccionar a las noticias económicas de corto plazo es un error, seguir la evolución de la economía no es una mera entretención de los economistas, es conectarse con una preocupación real más global.