Columnas y Opiniones

José Garrido

Docente Facultad de Gobierno

Si algo cabe destacar de los diputados Boric y Jackson es su capacidad para identificar oportunidades políticas afines al pensamiento de las elites progresistas y un sentido innato del marketing político. Al igual que en el movimiento estudiantil – que los catapultó a la Cámara de Diputados -el espíritu igualitarista de estos dirigentes vuelve a la carga con una iniciativa que ha sido catalogada por los medios como “revolucionaria”. Esta revolución ideológica ha sido titulada “Proyecto 8M: Modificaciones legales desde una perspectiva feminista”. Pero, su propuesta no es más que una política de control de precios, parecida a la de las recientes reformas educacionales (como la que subsidia el copago, o la gratuidad universitaria) pero con una orientación autoritaria sustantiva; y es lo que voy a demostrar.

Lo más notable del nuevo proyecto es la pretensión de “cambiar patrones culturales” para “avanzar hacia una sociedad con perspectiva feminista”. No obstante, el origen del feminismo está en la tradición liberal, no obsta que mayoritariamente el feminismo se ha vuelto un movimiento con varias aristas filosóficas. Cabe preguntarse si la sociedad igualitaria que proponen, una en la que los patrones culturales son impuestos (aunque por cierto suenan muy “sexies” y son políticamente correctos), merece el apelativo de feminista. Más que otra cosa, este parece un intento solapado de minar las bases de una sociedad abierta y pluralista, que respeta los derechos de expresión y trabajo básicos de todos.

Por ejemplo, el proyecto menciona la idea de imponer “el derecho irrenunciable” al posnatal de los padres; es decir, según los autores del proyecto, “se le otorgará al padre, de manera exclusiva, un postnatal a partir de la séptima semana del hijo, subsidiando su remuneración”. Esto, dicho en buen castellano, no es un derecho, sino una obligación, y que además entraña una regulación económica de consecuencias previsibles, dada la abundante experiencia, incluso en Chile, en control de precios (en este caso la oferta de trabajo). Apelar a “un derecho irrenunciable” no es más que un sofisma, típico de una dialéctica que se nutre de términos contradictorios o confusos.

Además, sería bueno que tanto Jackson y Boric se informaran de la situación actual de las “familias” (las uniparentales en los sectores vulnerables, y las personas que no trabajan con contrato, por dar dos ejemplos) y las implicancias reales de su propuesta en la economía. Pareciera que los diputados desconocieran que las regulaciones son esquemas de incentivos y todo lo que vaya en la vía de un subsidio, condicionará la demanda de trabajo, y tiene que ser financiado de alguna forma. Seguro que sus autores piensan en más impuestos.

Pero no sólo eso. Se pretende controlar salarios (supuestamente en aras de la igualdad de género). Es aquí donde el delirio de los planificadores queda en evidencia. A 100 años de la Revolución Rusa, los diputados Boric y Jackson le hacen un homenaje con una ley que pretende que las empresas deberán contemplar en su Reglamento Interno, por ejemplo, la definición general del cargo, calificación necesaria, condiciones de permanencia y trabajo requerida, responsabilidad y nivel jerárquico, lo que será fiscalizado por la Dirección del Trabajo. Es decir, el Estado. Todo este enjambre burocrático va en la dirección contraria de las economías modernas que dejaron atrás la ilusión planificadora. En efecto, ¿cuántos tipos de trabajo existen en Chile? Un ejemplo: ¿en el fútbol todos los “delanteros” ganan lo mismo? ¿”Debieran” ganar lo mismo? En el mundo ideal de Jackson y Boric todos los clubes de fútbol deberán informar “las condiciones de permanencia” de sus delanteros por igual; y ¿todos los delanteros deberán ganar lo mismo, independientemente del rendimiento del equipo o del sexo del jugador? Podría dar cientos de ejemplos así.

La aberración de este proyecto es un resumen de ideas que promueven hace un buen tiempo, y por las que lamentablemente gente honesta se deja seducir. Ahora, el “feminismo” de Jackson y Boric (que insisto, no es feminismo como yo lo entiendo) aparece como el tag de moda, aprovechando la contingencia.Si lo anterior fuera poco, según los autores, en las carreras de pedagogía se impondrá “cátedras de género” obligatorias, por lo que me imagino quienes cursaron posgrados en esas disciplinas se sumarán a la idea. Este punto no sólo vulnera la libertad educacional, sino que abiertamente constituye un ejercicio de propaganda. ¿Quién tiene la autoridad intelectual para definir “patrones culturales”? Definitivamente un grupo de dirigentes jóvenes como los que respaldan la propuesta no.

El autoritarismo latinoamericano que ha destruido economías como la venezolana, ¿pega fuerte en Chile? No se confunda, esto nada tiene que ver con el legítimo derecho de igualdad ante la ley, seas hombre o mujer. Tampoco solucionará la innegable cultura machista que caracteriza no sólo a Chile, sino a Latinoamérica. Por lo mismo, para superarla, es mejor más libertad, competencia e información, como ocurre en muchas instancias de trabajo donde justamente vales por tu trabajo y capacidades, y no por tu sexo. La situación de violencia hacia la mujer que se vive en sectores vulnerables es dramática y excede el diagnóstico de las elites progresistas. En cambio, regular sobre la pretensión de igualdad de resultados tiene el inconveniente que no es posible diseñar la realidad con una ley. Estamos frente a una propuesta autoritaria que bordea el fascismo y que es, a todas luces, inconstitucional.