Columnas y Opiniones

Matías Lira

Decano Facultad de Economía y Negocios

En nuestro país se suele acuñar “el pago de Chile” para conceptualizar el mezquino trato que nuestra sociedad les da a ciertas personas que han sido un aporte y que por misteriosas razones no sólo no son reconocidas, sino hasta maltratadas. Arnold Harberger puede que sea una de las personas que entra en este “selecto” grupo.
Profesor emérito de la Universidad de Chicago y de la Universidad de California, Los Angeles (UCLA); autor de numerosas publicaciones que representan un sustancial aporte teórico y práctico al campo de las finanzas públicas y de la evaluación de proyectos sociales. Ha sido el mentor de un centenar de economistas chilenos que, en las décadas de los 60,70 y 80, realizaron sus posgrados en la Universidad de Chicago, gracias a un acuerdo suscrito en 1956 entre dicha institución y la Universidad Católica.
Entre ellos se encuentran Sergio de Castro, Carlos Massad, Ernesto Fontaine, Pedro Jeftanovic, Pablo Baraona, Sergio De la Cuadra, Alvaro Bardón, Rolf Lüders, Martín Costabal, Andrés Sanfuentes, Miguel Kast, Alvaro Donoso, Roberto Zahler, Juan Carlos Méndez, Joaquín Lavín, Cristián Larroulet y Ernesto Silva. Los tres últimos forman parte del grupo de siete profesionales que, a fines de 1989, fundaron la Universidad del Desarrollo.
A ese grupo le correspondió impulsar el proceso de profundas transformaciones económicas que, a mediados de los años 70, cambió radicalmente la economía en una época en la que predominaban las ideas cepalianas y el keynesianismo. Medidas como el término del control de precios, la apertura al comercio exterior, la promoción de la libre competencia, la eliminación de barreras arancelarias excesivas, el fortalecimiento del derecho de propiedad privada, la adopción de normas de disciplina fiscal y monetaria, las reformas a los sistemas previsional y laboral, entre otras, se tradujeron en el fenómeno bautizado como el “milagro económico chileno”, en razón de la histórica disminución de la pobreza, las elevadas tasas de crecimiento económico y el consiguiente aumento de los índices de desarrollo humano.
Sobre la relación del profesor Harberger con sus discípulos chilenos y el milagro económico, Ernesto Fontaine da su testimonio en el libro “Mi visión”, diciendo: “El gran ‘equipo’ chileno no hubiera con toda seguridad existido si no fuera por el convenio UC-IJ. de Chicago y si no hubiera sido por Alito Harberger. Es así como es improbable que sin estos dos elementos Chile hubiera asumido el liderazgo mundial en la ejecución de una estrategia para establecer una economía social de mercado, traspasando desde el Estado -un gobierno militar- a la gente y al mercado el poder para la toma de decisiones respecto de la asignación de recursos, limitando el poder del Estado a lo que le es legítimo sobre la base de su rol subsidiario, especialmente el combate a la pobreza”.
Hoy, por primera vez en sus 27 años, la Universidad del Desarrollo concederá el grado de Doctor Honoris Causa y decidió hacerlo a este reconocido economista estadounidense. Al investir al profesor Arnold Harberger como su primer Doctor Honoris Causa, la UDD distingue merecidamente su brillante trayectoria académica como economista y su decisiva influencia en quienes, desde el Estado, las universidades y las empresas, contribuyeron para que Chile se convirtiera en el país líder de América Latina en superación de la pobreza y desarrollo económico.
Con todo lo anterior, es lamentable ser testigos y ver en estos años cómo el legado de Harberger se va diluyendo entre diagnósticos parciales, políticas públicas mal diseñadas y, en consecuencia, una de las tasas de crecimiento más bajas de las últimas décadas.