Columnas y Opiniones

09.04.2017 | El Mercurio de Valparaíso

Inclusión y cooperación en la sala de clases

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Javiera Mena

Investigadora Facultad de Psicología

Varios estudios han comprobado los beneficios que trae aprender en diversidad, uno de ellos es el realizado en el “Crane Center for Early Childhood Research and Policy” de la U. Estatal de Ohio, que evaluó el efecto en escuelas de primera infancia con programas de inclusión, concluyendo que este efecto se encuentra en clases donde aprenden niños y niñas con capacidades diferentes.

Lo novedoso es que estudiantes con necesidades educativas especiales (N.E.E) se benefician más de sus pares que poseen altas habilidades de lenguaje, que los estudiantes de capacidades típicas, y así también se ven más afectados al estar expuestos a ambientes de lenguaje empobrecido.

Sin embargo, los niños con habilidades típicas continúan mejorando a pesar de tener compañeros con menos habilidades. Los investigadores creen que cuando un niño juega junto a otro, e interactúan en la sala de clases, naturalmente se imitan, lo que los ayuda a desarrollar habilidades de lenguaje como: “tomar turnos en las conversaciones, comunicar sus necesidades y deseos y producir narraciones”.

Estudios como estos muestran la importancia de considerar el cómo organizar a los niños en la sala de clases, de manera que sus oportunidades de aprender del otro sea maximizado. Por lo tanto, debe existir un esfuerzo en crear cursos con un balance razonable de estudiantes con diferentes habilidades. Cabe señalar, que estas evidencias son fundamentales a la hora de tomar decisiones en políticas públicas como, por ejemplo, una ley a la “no selección a los colegios”.

No obstante, la cooperación no ocurre de manera espontánea, si no que se necesitan estrategias pedagógicas específicas. En una investigación que realizamos el año 2014 en la U. de Queensland, Australia, se recogieron creencias de 500 profesores de educación inicial en Chile, sobre el uso de aprendizaje cooperativo (AC) en su sala de clases. En esta investigación, se encontró que los profesores creen no sentirse preparados para realizar AC en sus salas a pesar de tener una actitud positiva hacia éste. En general prefieren estrategias frontales de enseñanza, donde ellos tengan “el control” de lo que sucede en la clase, además muestran una baja autoeficacia para realizar técnicas de trabajo en grupo o aprendizaje colaborativo, especialmente en ambientes con diversidad.

Es con justa razón que los profesores se sientan de esta manera, ya que efectivamente, como la mayoría de nosotros, no han aprendido en ambientes con diversidad, y por otro lado, no se les ha preparado para esto, además de estar presionados por tener altos resultados académicos en las pruebas estandarizadas. La forma más “fácil”, se cree, es preparar a los alumnos para las preguntas de las prueba por medio principalmente de entrenamiento individual.

Para poder aprender en diversidad, necesitamos también estar dentro de una cultura escolar cooperativa, inclusiva y esto requiere de cambios profundos. No basta sólo con el “fin a la selección” para el “principio a la inclusión y cooperación”. No basta sólo con “mezclarse”, es necesario crear culturas de interacciones colaborativas de aprendizaje.

Esto implica crear interdependencia positiva, enseñar en habilidades sociales, en la responsabilidad de generar una tarea personal por un objetivo grupal, en apoyar al compañero en su proceso de enseñanza, saber que se necesita del otro para el logro de un bien común.