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09.09.2010 |

Destacada cineasta francesa expuso en El Estado de las Cosas

Danielle Fillios, montajista de Sexo con Amor, B-Happy y La Nana, compartió los secretos de un proceso tan importante como el guión y el rodaje.

Si hay una testigo clave del cine post-dictadura en Chile, esa es Danielle Fillios. Y así lo hizo saber este martes 7 de septiembre esta montajista francesa que, desde que llegó a nuestro país a principios de los noventa, ha visto pasar ante sus ojos cientos de miles de horas de cintas dispuestas a ser cortadas, reordenadas y eliminadas.

“Llegué a un país sin infraestructura, buscábamos cajas de pizzas para guardar los descartes y aún usábamos tijeras. Fui testigo de la aparición de la mezcla, con “Johnny Cien Pesos” (Gustavo Graef-Marino, 1993), la primera película chilena en transformar un estudio de música en un estudio de mezcla”, contó en la charla organizada por la Escuela de Cine UDD y moderada por el Secretario de Estudios de la carrera, Marcos Díaz.

Su paso al digital no tardó más de un año. Para el filme “Amnesia” (1994) de Gonzalo Justiniano, Danielle tomó un curso de AVID con el cineasta Andrés Wood, quien venía llegando de EEUU. “No se veía nada, tenía una resolución gigante y como teníamos muy poco espacio, se cortaba y borraba”, recordó.

Hoy la montajista de “Be Happy”, “La vida me mata”, “Sexo con Amor”, “El Rey de los Huevones” y otras decenas de películas, ocupa discos duros en terabytes y no duda de las ventajas del AVI, sin embargo agradece su formación en Francia con la extinta moviola. “Se demoraba mucho, pero daba tiempo para aprender, reflexionar, construir. Uno aprende a pensar antes de hacer y gracias a eso no pierdo tiempo haciendo ensayo y error”.

SIN LUCIMIENTOS

La presentación continuó con la revisión de algunas escenas editadas en las cintas “Pantaleón y las Visitadoras” del peruano Francisco Lombardi. Así explicó que la larga secuencia de la presentación de “La colombiana” tuvo ese ritmo lento para mostrar la sensualidad y el erotismo del personaje interpretado por la actriz Angie Cepeda.

Luego vino el turno de “La Nana”, de Sebastián Silva, una película filmada de manera casi documental, con muchos planos largos y escenas graciosas que Danielle fue acortando para que no se perdiera el propósito de la película. De hecho, voló una en que se explicaba por qué Raquel estaba desquiciada con la hija mayor de la familia. “No era necesaria”, explicó, “y cuando llegamos a ese tipo de discusión con el director de una película, él ya no está enamorado de sus escenas”.

“Hay que conversar bastante antes de que se filme: entender el proceso, la idea, el estilo. Nunca ir en contra de cómo fue filmado, porque el eje de cámara y los personajes principales, el director ya los eligió. Mi trabajo es potenciar eso, defendiendo mi punto de vista mi punto de vista, pero entendiendo que no tengo ninguna línea autoral, mi trabajo es en favor de la película. Cuando empiezan a hablar de los rubros técnicos de un filme, es que no pasa nada con ella. Yo quiero escuchar, qué buena la película, me emocioné. Este trabajo no es para lucirse”.

A Danielle los directores siempre le piden el montaje en seis semanas. “Siiii”, les digo. Sólo el primer corte demora 3 semanas. Y en total, se demora ocho semanas como mínimo. Para ella 1/3 de su trabajo es montar el guión, y el 2/3 buscar la estructura para volver a la idea inicial. El primer proceso sin el director, el segundo con el director.

-¿Vas a los rodajes?

-No. Sé lo que significa filmar y cuando iba me sentía mal. Si se demoraron tres días en sacar una escena me da lo mismo, si no sirve se saca nomás. Por eso no voy al rodaje, porque quiero ser el ojo del espectador.