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El mecanismo neurobiológico que posibilita que las personas negocien entre sí –entendiéndose la negociación como un tipo de interacción en que las personas se deben poner de acuerdo cuando sus intereses no están necesariamente alineados- es una de las líneas de investigación más relevantes de la división de neurociencias del  Centro de Investigación de Complejidad Social de la Universidad del Desarrollo, liderada por el doctor Pablo Billeke, junto al doctor Francisco Zamorano.

Según explicó Billeke, para entender la relación entre el funcionamiento cerebral y la negociación, estudian los procesos cognitivos y psicológicos que subyacen y posibilitan  el desarrollo de este tipo de  interacción social, dado que estos procesos son los que permiten al ser humano entender y eventualmente prever las potenciales decisiones e intenciones que las otras personas toman y hacen para lograr un acuerdo (dilemas sociales).

Para llevar a cabo la investigación, se han implementado diversos métodos para identificar la región anatómica y funcional del área temporo-parietal mediante resonancias magnéticas estructural  y funcionales del cerebro, respectivamente. Se ha aplicado también una actividad interactiva -el juego del Ultimátum-, mientras los participantes reciben estimulación magnética transcraneal en la región temporo-parietal. Mediante este procedimiento, se puede determinar el cambio de comportamiento que se relaciona al tratamiento específico del área estimulada. Esta metodología permite no solo reconocer las habilidades que las personas usan para interactuar y comunicarse con otros, sino también posibilita intervenir en sus mecanismos neurobiológicos.

Billeke destacó que los hallazgos de estas investigaciones pueden ser útiles para proporcionar terapias de rehabilitación para habilidades sociales perdidas por enfermedades neuropsiquiátricas, como la esquizofrenia, y el autismo. Investigaciones del CICS y de otros grupos internacionales  han evidenciado  que los pacientes con esquizofrenia muestran daño en sus habilidades sociales relacionado a entender y tomar  la perspectiva  del comportamiento de otras personas. En el caso del Autismo, estudios del CICS también demostraron que el desarrollo de habilidades sociales en niños con este trastorno está relacionado con la actividad oscilatoria en la región temporo-parietal. Así las intervenciones neurobiológicas pueden ayudarlos a mejorar la sociabilidad. En definitiva, estas investigaciones  podrían ser valiosas para desarrollar terapias para mejorar la calidad de vida de las personas que sufren de estas enfermedades neuropsiquiátricas.