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Sergio España R.
- Investigador de MEDIATICA
¿Cuántas decisiones tomamos día a día los chilenos medios? Por cierto, muchas más que nuestros padres y, por supuesto, que nuestros abuelos. Más allá de escoger en los anaqueles repletos de los supermercados o entre prendas y artefactos de decenas de marcas, la casi totalidad de los servicios que requiere el desarrollo armónico de nuestra existencia están en manos privadas y son objeto de competencia: educación, salud, previsión… incluso nuestra muerte. Es en éstos donde el chileno medio debe fijar su mirada y exigir mayor transparencia de información.
La magnitud y cantidad de decisiones a que nos vemos expuestos aumenta la demanda por información oportuna y adecuada. Gran parte de esa información circula por las redes de los medios de comunicación. Recientemente MEDIATICA, el centro de investigación en medios de comunicación de la Universidad del Desarrollo, dio a conocer un estudio que indaga en el acceso a determinadas áreas o fuentes informativas. La evaluación se realizó a través de una encuesta a 27 directores y editores de los principales medios de alcance nacional. El área peor evaluada por los editores en cuanto al acceso a la información es la de negocios (la otra es justicia). Del mismo modo, un 44% estima que la situación en este sector se mantiene igual que hace 10 años. A primera vista uno no debiera extrañarse. ¿Por qué los empresarios debieran abrir las puertas de sus negocios? ¿Por qué el quehacer privado y el lucro personal debieran ser objeto de interés público? Por una razón muy simple: el concepto de información pública no refiere ya solamente a su origen, sino al impacto que tiene sobre la vida de las personas. Pensar que la información de interés general es solamente la que emana del sector público no se ajusta a la forma en que ha cambiado nuestra sociedad. En una economía de mercado la capacidad de generar -o disminuir- riqueza repercute no sólo en el responsable directo de ello, sino en muchos otros. Así, por ejemplo, de la suerte de algunas empresas penden las rentabilidades de la AFP y, por tanto, la calidad de vejez de más de 6 millones de trabajadores. Más aún, la creación de 5 multifondos de libre elección amplía este interés.
Hasta la noche del viernes 3 de febrero de este año 2003 no se registra información relevante en los medios sobre la forma en que operaba Eduardo Monasterio y su plana ejecutiva. Tras su caída, nos enteramos de los profusos cuestionamientos que existían en el mercado a este empresario y la forma en que armaba sus redes (no es gratuito eso de Inverlink). En reciente entrevista, uno de los ejecutivos de la banca privada también procesado por este caso, Gino Tirapegui, reconocía que es habitual en el mercado pagar incentivos a los operadores de mesas de dinero. Poco o nada de esa información le sirve hoy a los miles de ahorrantes en los fondos mutuos Le Mans, afiliados a Magister o a Isapre Vida Plena. Muchos de ellos perdieron millones de pesos en ahorros, y sus derechos a la salud (los bonos de atención eran cuestionados) o a la previsión permanecen en vilo. Son miles los profesionales, técnicos, jubilados y comerciantes que depositaron su confianza en este holding. Cuando el 11 de enero de 2002 Juan Claudio de la Lastra recibió los $355 millones ganados en el sorteo del Kino no dudó en depositarlos en una financiera que le mereció toda su confianza por la información que de ella recogió: buena posición en el mercado, estaba en trámite para transformarse en banco, y pertenecía a un holding cuyos negocios iban desde la Bolsa de Comercio hasta los seguros, pasando por una clínica y una AFP. Y, sobre todo, por la solidez que le inspiró el edificio corporativo de Inverlink...
La situación contrasta con la proliferación de medios, suplementos y espacios de negocios y economía. Su aporte a la masificación de la información económica es significativo. Sin embargo, cabe preguntarse también por la calidad de esa información en la perspectiva de las decisiones a las que son expuestos millones de chilenos. Derechamente: la tentación de transformarse en espacios para el mundo de los negocios, y no sobre éste, es grande y permanente. ¿Cuántas historias de emprendedores exitosos nos relatan cada semana los medios (a veces sin mencionar el aporte que significó el campo, fábrica o negocio familiar)? ¿Cuántas anécdotas de destacados empresarios nos aportan las secciones de copuchas de buena fuente? ¿Cuántas buenas lecciones y recomendaciones recibimos de líderes y empresarios que llegaron a la cumbre? ¿Cuántos detalles absorbemos respecto de los estudios de abogados, empresas consultoras o asesores top de la plaza?
A riesgo de ponerse bajo el paraguas de las miradas conspirativas en la relación mercado-medios, no podemos obviar esa realidad. Los esfuerzos por desarrollar un periodismo más incisivo e inquisidor en el mundo de los negocios necesariamente choca en algún momento con los intereses de quienes, con su inversión publicitaria, aportan al financiamiento de la industria periodística.
Es urgente asentar una mirada pública en las áreas privadas.
Esperamos haber motivado su comentario: mediatica@udd.cl





