Sergio España R. 
- Investigador de MEDIÁTICA
Pasamos de los Faúndez a los Ballero, señala con su natural agudeza Jorge Olave, profesor de la Escuela de Periodismo de la UDD. Y no deja de tener razón.
A principios de los '90 el tradicional maestro chasquilla se codeaba sin complejos con ejecutivos y gerentes, imagen del Chile emprendedor, innovador, conquistador de mercados antes reservados a los grandes de siempre. El Chile de los jaguares, confiado en las ventajas de un modelo admirado no sólo por los vecinos. Una imagen hoy un tanto empolvada tras cinco años de bajo desempeño económico y una clima de indisimulada depresión. Mientras las grandes empresas logran sortear con no pocas dificultades los chaparrones, son cientos los Faúndez que han sufrido con fuerza los vaivenes de la economía que los han obligado a congelar el desarrollo de su espíritu emprendedor (endeudamiento, problemas de acceso a créditos, reducción de mercados).
El personaje construido por Álvaro Ballero, representa un Chile distinto; escéptico (por ejemplo, de la épica del bicentenario); que apuesta a un golpe de suerte para alcanzar los quince minutos de fama que logren sacarlo de su situación; una apuesta que lo hace exhibir sin pudor sus estrategias (manipulación y conspiración) para vencer. Ballero ha construido su rubio personaje desde la propia experiencia de hijo de familia media golpeado por la crisis: como otros no pudo continuar sus estudios y debió probar suerte en diversos oficios temporales. Su oficio actual es la mediaticidad, el acabado conocimientos de las claves y códigos para el logro de la adhesión o atención de las audiencias. Hoy encabeza la campaña publicitaria de una importante empresa de telecomunicaciones, curiosamente la misma que nos presentó a Faúndez.
El poder y la gloria de la comunicación medial está precisamente en la capacidad para representar en un momento o en un personaje, los climas, los estados de ánimo, las tendencias que marcan a las sociedades. Allí está la clave del éxito. Perico que recitaba versos en bicicleta a su amada Ismenia, soportando las burlas de quienes accedían al consumo a principios de los ´80. Luego, Faúndez daba cuenta de la clase media emergente que se aventuraba no sólo al consumo, sino a la posibilidad de emprender y ser exitosa, llegando a ser su propio jefe.
El fin del llamado sexenio de oro, con tasas de crecimiento sobre 7%, lo representaron exitosamente los Cereceda de la teleserie La Fiera de TVN. Familia también de clase media cuyo último sorbo de bonanza fue el mítico viaje a Francia 98, para volver y cruzar uno de los límites más temidos: ser allegados. Desde esa época no hubo una representación tan exitosa de la clase media. Los Ballero (se incluye el padre y la hermana, modelo de Morandé con Compañía) llegaron para ocuparla, con una pequeña diferencia: son personajes reales (entiendo la realidad desde una perspectiva medial).
Lo que estamos por ver es la persistencia o no de esta representación. Ella no sólo depende de las habilidades y dotes mediales de Los Ballero (ojo: no confundir con capacidades artísticas o profesionales), sino de la persistencia de un estado o clima de opinión pública que de sentido y sintonice con la representación que ellos hacen del sentir de los chilenos. ¿Nos acordaremos de ellos tanto como Fáundez para sintentizar un período de nuestras vidas? Se abren las apuestas.
Esperamos haber motivado su comentario: mediatica@udd.cl




