Mediática
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Artículo publicado en Revista Capital de la segunda quincena de agosto:
Las dos caras del nuevo Chile
Pablo Halpern, Decano de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad del Desarrollo

Los medios, en especial la TV, han sintonizado con el nuevo Chile y están cambiando los códigos de la comunicación política y comercial. Sin embargo, todavía existe una oligarquía de facto. Las capas dirigenciales de la política, de algunos gremios y de importantes empresas no se han renovado..

El alcalde Joaquín Lavín, católico y miembro del Opus Dei, en el canal de la Iglesia y en un espacio conducido por una mujer judía (Gigantes con Vivi), donó a un travesti un triciclo de reparto. Lavín saludó y se despidió de beso con el travesti. La escena me hizo pensar en la profundidad de los cambios que estamos experimentando y en el largo trayecto que hemos recorrido. De más está decir que el cuadro que describo habría sido impensable hace tan sólo un par de años.

"La sociedad chilena es lejos más moderna que su televisión" ha afirmado en esta misma revista Patricia Politzer, presidenta del Consejo Nacional de Televisión. De acuerdo, pero yo agregaría que la TV es lejos más moderna que nuestra clase dirigente. Los medios la llevan como nunca antes en Chile. En pocos meses se convirtieron en la punta de un iceberg que deja ver una nueva ola de transformaciones. No me estoy refiriendo a los hallazgos del último censo, ni a la evolución del consumidor. Se trata de cambios incipientes que están por fin dejando atrás falencias que en 13 años de cultura democrática no se habían podido abordar. Pasaba el tiempo y permanecían inalterables la falta de sinceramiento y de verdad en el discurso público, la escasa valoración de la meritocracia, el casi inexistente recambio de líderes y la poca apertura para abordar los temas valóricos. Un análisis realizado por Mediática, centro de investigación de medios y audiencias de la Universidad del Desarrollo, y que aquí esbozo, muestra la gran brecha que existe entre los medios y la clase dirigente. En suma, las elites, en su mayoría, no están escuchando a la gente. Mientras, los medios de comunicación, impulsados por el imperativo comercial de audiencias masivas, están empujando el carro de la modernidad.

 

Los chilenos hemos tenido una dificultad endémica para llamar a las cosas por su nombre. No somos frontales, evadimos el conflicto o nos hacemos los lesos. Somos peladores y nos cuesta decir las cosas de frente. El insospechado impacto del rito "cara a cara", popularizado por el reality show de Canal 13, reveló una demanda acumulada por más verdad. Hoy incluso en las oficinas, entre adolescentes y hasta dentro de las familias, se ha comenzado a utilizar este mecanismo para zanjar diferencias y resolver conflictos.

Más allá de los reality show, en el último tiempo los medios de comunicación han inyectado cuotas de verdad que hasta hace unos cuantos meses habrían sido inimaginables. El rol de la prensa en la cobertura de las redes de corrupción ha transformado para siempre la relación entre los medios y el gobierno. Similar suerte ha corrido la Iglesia Católica, que ha debido enfrentar sin escapatoria una realidad durísima para sus feligreses: hay curas que practican la pedofilia en Chile y no sólo en Boston.

Mientras, en los círculos del poder los debates que involucran a la clase dirigente siguen siendo oscuros. Por ejemplo, nadie conoce todavía las verdaderas razones que llevaron a Sebastián Piñera a abandonar la carrera senatorial por la V Región. Vieja historia, pero la niebla sobre es-te tipo de episodios debiera despejarse si sus protagonistas aspiran a permanecer en la escena política nacional. Paralelamente, aunque menos que antes, los medios de comunicación siguen siendo utilizados como correas transportadoras de señales que entiende solamente un estrecho grupo de dirigentes políticos. Para empeorar las cosas, ni siquiera existe un sitio web en el que se pueda consultar cómo votan nuestros diputados y senadores los proyectos de ley que impulsa el Ejecutivo. Las empresas de lobby en Chile se llaman de "comunicación estratégica", aunque esta última actividad nada tiene que ver con el tráfico de influencias remunerado, oficio sobre el que hasta ahora no ha sido posible legislar. Suma y sigue. ¿Cuántos políticos informan sobre sus intereses económicos y empresariales? De cuando en cuando se dejan oír voces aisladas que reclaman por mayor transparencia en temas como la delincuencia - de no mediar la Fundación Paz Ciudadana sospecho que escasearían las estadísticas sobre el problema -, el origen del déficit fiscal, la proyección del gasto público, etcétera. Pero por ahora, el mundo de las cúpulas continúa impregnado de una densa nebulosa.

 

La búsqueda de savia nueva no es nuestro fuerte. Por el contrario, la vocación de la clase dirigente chilena ha sido permanecer en el poder y bloquear el surgimiento de nuevos elencos. Y aquí son los medios de comunicación -en especial la TV- los que se están atreviendo. Miles de jóvenes de todo el país viajan a Santiago y hacen cola para encontrar un cupo en los programas de búsqueda de talentos. Y los resultados han sido asombrosos: los programas Rojo, fama contra fama de TVN, Operación Triunfo de Mega y Protagonistas de la música, de Canal 13 están originando un radical recambio de cantantes en tiempo récord. María José Quintanilla, una escolar de 13 años, ya ha vendido más de cien mil CD de su primera producción de rancheras. Otro tanto está ocurriendo con María Jimena Pereyra, una argentina que llegó a Chile empobrecida por la crisis económica en su país y que hoy ya es una artista consagrada. Los ejemplos son muchos. Estos mismos jóvenes están generando negocios de decenas de millones de dólares a través de los ingresos publicitarios que obtienen los canales de televisión por los programas en que participan. Y, de paso, han dinamizado la tradicionalmente alicaída industria discográfica local. Al menos en la TV la búsqueda de nuevos talentos llegó para quedarse.

Es una lástima que este fenómeno esté, por ahora, circunscrito a la música. Todo hace pensar, sin embargo, que el asunto debiera ir más allá. Los medios y la industria cultural han abierto espacios a nuevos líderes que marcan tendencias. Sergio Lagos, conductor de realities de Canal 13 y poderoso rostro de Falabella; Rafael Cavada, elevado a la categoría de periodista-estrella y sex-symbol tras su trabajo en la cobertura de la guerra de Irak; José Miguel Viñuela, animador juvenil de Mega en su programa Mekano; e Iván Nuñez, periodista-agitador de Chilevisión. Todos se adueñan de la pantalla y pasan a ser parte de la conversación de las nuevas generaciones. También los más exitosos programas de TV están siendo liderados por jóvenes creadores: Peirano y Díaz crearon el exitoso 31 minutos, Pablo Illanes escribe Machos y Juan Pablo González dirige Vértigo. La prensa también estrena secciones especiales para emprendedores y nuevos líderes. La Segunda lo hace con "Líderes del siglo XXI" y El Mercurio con "Jóvenes en acción".

El nuevo cine chileno, impulsado casi enteramente por nuevos realizadores, ha conseguido público en cantidades industriales. Casi un millón de personas vieron Sexo con amor de Boris Quercia y similar número El Chacotero sentimental de Cristián Galaz. En música, Alvaro Henríquez, Jorge González y Beto Cuevas han consolidado su liderazgo en la creación popular. En el caso de Los Prisioneros, han atacado abierta y desenfadadamente al establishment y a los fácticos haciendo cantar por más de una década: "¿Por qué no se van, no se van del país?".

En Chile existe, sin embargo, una oligarquía de facto. Las capas di-rigenciales de la política, de algunos gremios y de importantes empresas no se han renovado. El actual presidente de la CUT era su secretario general desde que ésta se refundó en 1988. La crisis del fútbol se explica en parte por la casi nula renovación de sus mandamases. René Orozco lleva casi 20 años al mando de la "U" y Reinaldo Sánchez le entregó la presidencia de Wanderers a su propio hijo tras asumir la presidencia de la ANFP.

¿Alguien aún recuerda la promesa del gobierno de nombrar intendentes jóvenes? El asunto terminó con Luis Guastavino, ex prócer del Partido Comunista, reemplazando a Marco Antonio Núñez, joven médico PPD en la V Región. Para qué caer en el odioso ejercicio de individualizar las identidades de funcionarios de gobierno que desde 1990 han saltado de un puesto a otro en el aparato del Estado, sin importar su competencia profesional.

En el ámbito empresarial el asunto no pinta mejor. Una de las pocas áreas en las cuales la meritocracia encontraba su espacio -las punto-com- desaparecieron al reventar la moda de la "nueva economía". Con escasas excepciones, los directorios de las ramas empresariales no incluyen a menores de 40 años. Y el sesgo también es socioeconómico; basta revisar el estudio de Seminarium Head Hunting, cuestionado en su metodología, pero no hay otro. En éste se muestra que en los más caros y prestigiosos colegios particulares se educan casi la mitad de los altos ejecutivos de las empresas chilenas.

 

Los medios de comunicación son los que han instalado hoy temas que estuvieron por décadas vedados. El año pasado el reportaje de pedofilia contra un menor denunciado por Contacto de Canal 13 desató una catarata de acusaciones ante el Servicio Nacional de Menores (Sename) al develarse una siniestra red de abusadores de niños. El mismo programa activó un proceso judicial en contra de Anita Alvarado, la llamada Geisha chilena, por comercio sexual y trata de blancas. El cura Hasbún -ni más ni menos- ha abordado el espinudo tema de la vida sexual de los sacerdotes en su comentario del Mega. El homosexualismo también ha entrado a los hogares a través de la televisión. Machos de Canal 13 ubica como pilar de su historia el drama de Ariel, el hijo homosexual cuyo padre se resiste con violencia a tolerar su identidad. Y, de paso, el guionista de la misma teleserie, el antes mencionado Pablo Illanes, no tiene empacho en salir del closet en la revista El Sábado de El Mercurio. La guinda de la torta: un connotado crítico de espectáculos televisivo revela que es gay en incontables programas de TV.

Mientras, nuestra clase dirigente no ha logrado ponerse de acuerdo en una ley de divorcio y persiste la discriminación hacia los homosexuales. El embarazo adolescente en los colegios y el aborto -a todo nivel- son pan de cada día. Y paralelamente, los planes de educación sexual no se hacen cargo de esta realidad. Pese al impacto de casos de abuso de menores como los cometidos por el cura Tato o por el obispo emérito Francisco José Cox, la Iglesia no informa sobre medidas destinadas a impedir más de estas atrocidades.

 

Los medios, en especial la TV, han sintonizado con el nuevo Chile y están cambiando los códigos de la comunicación política y comercial. Los candidatos que en las futuras batallas electorales cultiven un lenguaje evasivo y eludan abordar los asuntos que preocupan hoy a las personas de manera abierta y directa, quedarán en una posición de desventaja irremontable. Ya no hay más aguante para el "si bien es cierto, no es menos cierto". Cada día es más escaso el menú de los temas intocables. "Bajarle el perfil" a los conflictos es una propensión en franca retirada.

En el territorio de la publicidad y del marketing los efectos de la nueva ola de cambios ya se sienten. Existe publicidad de condones en las radios; la campaña promocional de la nueva teleserie de TVN, Pecadores, muestra a un cura con un cofre en sus manos (que sugiere que roba); una marca de pisco se publicita como un potenciador sexual; en un spot de una telefónica en que los padres le preguntan a su hija qué hará en la noche, ella responde: "comida, baile y cama"; y un popular analgésico lanza al mercado una versión para "período adolescente" (menstruación).

De la mano de los medios de comunicación se empieza a descorrer un tupido velo. Y tras el fin de la nebulosa se aproximan cambios radicales en la forma en que vamos a comunicarnos y a exigir que se nos hable.

 

Esperamos haber motivado su comentario: mediatica@udd.cl