Santiago: Es una mala ciudad para vivir. Mi trabajo está aquí y por eso vivo aquí, pero, si pudiera, viviría en otra parte.
Cultura: Es cualquier manifestación simbólica que da cuenta de la identidad de un colectivo. La televisión que nosotros producimos es parte de nuestra expresión cultural. Por lo tanto, cuando se tilda la televisión chilena de chabacana, también se habla de nosotros. La alta cultura no tiene mucho que ver con la televisión, tiene que ver con los fenómenos de las elites. La televisión abierta no es para las elites, es para las mayorías. Para las elites está la televisión por cable y otras expresiones mediáticas dirigidas a esos grupos.
Identidad: En la medida que los medios de comunicación se han multiplicado, las audiencias se han ido fragmentando. Probablemente, al comienzo del siglo XXI, hay en todos los países muchas más identidades que hace 20 años. Eso tiene que ver con la explosión tecnológica, con la penetración de distintos medios de comunicación y con Internet. Hoy, las identidades de los países son identidades menos uniformes y más fragmentarias. Chile, igualmente, no tiene una identidad, sino muchas; son nuestras identidades. En nuestro país, al revés de lo que pasa en Estados Unidos y Europa, se reflexiona poco respecto de estos temas. Tenemos una visión poco crítica de lo que somos y tenemos, en general, poca perspectiva. Se escriben pocos libros sobre la identidad chilena; hay muy pocos programas de televisión donde se converse del tema. Somos bastante acríticos respecto de nosotros mismos, no nos reímos de nuestros rasgos. Entonces, no hacemos visible lo que somos. En la televisión se ve una parte.
Noticias: Los noticieros nos muestran el mundo en que vivimos. Es imposible para los departamentos de prensa abstraerse de ciertas realidades que tienen el peso de la guerra en Irak, la descomposición de ciertos fragmentos del aparato del Estado y los casos de corrupción que hemos visto. Somos mucho más que eso, pero para los noticieros es muy difícil abstraerse de esos hechos. Es noticia cuando un hombre muerde a un perro y no cuando un perro muerde a un hombre. No estoy seguro que la misión de los noticieros sea representar lo que pasa en la sociedad, su misión tiene otro carácter. En este sentido, la definición de noticia como hechos extraordinarios evidentemente sesga los universos que los noticieros muestran hacia un sentido de más parcialidad. No se puede pedir mucho en ese sentido, pasa aquí y pasa en todas partes. Los noticieros chilenos tienen otro problema. Por un lado, en este país el poder está muy concentrado y los medios en general están capturados por los poderes fácticos y, por lo tanto, los grados de libertad para la cobertura noticiosa son más bien estrechos. Y, por otro lado, en el periodismo no hay cultura de investigar, los departamentos de prensa no escarban lo suficiente en la sociedad. Eso hace que las noticias se vuelvan un tanto predecibles. Hay espacio para mejorar y profundizar el trabajo de los periodistas, tanto en televisión, como en prensa.
Rating: Hay que entender el rating dentro del modelo de negocio de la televisión chilena. Los medios de comunicación venden audiencias - ese es el modelo de negocio - y le venden audiencias a los avisadores. El rating no es ni más ni menos que una métrica, una medida indicadora para los avisadores de la cantidad y la calidad de las audiencias que los medios les venden. En la medida en que los modelos de la televisión sigan siendo modelos comerciales, el rating va a tener una influencia determinante en los proyectos televisivos. Es inevitable. Si hay algún problema, no está en el rating, sino en el modelo de negocio de la televisión. Así como el problema de la política no son las encuestas, porque son sólo un indicador para evaluar la marcha de la política, el problema de la televisión no es el rating. La crítica no especializada a la representatividad del rating carece de fundamentos técnicos. El rating es una variable importante, pero no es la única a considerar al momento de tomar decisiones en televisión. Los canales no están ligados exclusivamente al rating. Televisión Nacional ha hecho un esfuerzo importante por mantener a lo largo de estos años una franja cultural como parte de la definición de la misión de TVN y eso no tiene nada que ver con el rating. Canal 13 ha intentado hacer una labor evangelizadora desde el punto de vista católico y eso no está marcado por el rating. Son dos ejemplos que le dan una perspectiva más compleja al asunto.
Participación: Los llamados y mensajes de texto que la gente envía a los canales de televisión para votar no tienen nada que ver con la participación, sino con el negocio de la televisión, con la forma de los canales de mejorar sus ingresos. Es el descubrimiento de la industria de una fuente de flujos de caja adicionales a los ingresos por publicidad tradicional. No surge como una instancia para ampliar la participación de la ciudadanía en la televisión, sino que como mecanismo para aumentar los ingresos de los canales. La participación ciudadana es un tema complejo en los medios de comunicación. Funciona muy bien en los países donde la sociedad civil es fuerte y tiene distintos grupos organizados que representan diversos intereses, que son capaces de penetrar los medios de comunicación con sus propuestas y con sus ideas. Así, las fuentes oficiales pierden mucho poder, porque las fuentes de información están más diseminadas y hay una mayor representación de grupos diversos en los medios. En Chile, la sociedad civil es relativamente débil, no tenemos grupos organizados, no tenemos grupos de defensa de los consumidores ni de otros temas. Incipientemente están surgiendo esos grupos, pero sin fuerza. En la medida en que crezcan, se organicen e incorporen en su trabajo la dimensión comunicacional, van a lograr influir en el marco de contenido de los medios. Si no estuviésemos bien representados en la televisión, no sería porque ésta no ofrece mecanismos de participación ciudadana, sino porque la sociedad no está organizada de un modo tal que permita influir en los medios de comunicación.
Libertad de opinión: Los grados de libertad de opinión son estrechos, no porque haya censura, sino porque el poder está tan concentrado que las trasgresiones a los poderes fácticos instalados son muy costosas para la gente. Por ejemplo, las columnas de opinión en Chile son, en general, extremadamente benevolentes, a diferencia de otros países. Cuando el poder no está diseminado en la sociedad, la participación es más dificultosa. El costo de las opiniones críticas y disfuncionales sobre los grupos de poder es muy alto. La sociedad chilena es una sociedad donde hay mucho temor a opinar.
Información: Nos cuesta procesar la información que recibimos. En este sentido, el rol de la prensa es clave. La prensa es el único instrumento que nos permite mirar ordenadamente el acontecer. No ocurre eso con la televisión. La televisión es como un flujo incesante de estímulos visuales, de información, y son los diarios y las revistas los medios que tienen el rol de poner las cosas en cierta perspectiva. Por eso, nunca he pensado que Internet llegue a constituir una amenaza real para los diarios y las revistas. La experiencia internacional muestra que los medios de comunicación que tienen una versión digital han aumentado la lectoría de su edición en papel.
Televisión chilena: Veo signos de vitalidad en la televisión chilena. La competencia le hace bien a la televisión. Están compitiendo fuertemente Canal 13, TVN y Mega y, en algunas franjas, también Chilevisión. Eso es bueno para la televisión y para sus creativos. Las dos décadas en que Canal 13 no tuvo competencia en el sistema chileno fueron grises, poco luminosas. Hoy estamos presenciando una serie de cambios relativamente estructurales: hay nuevos géneros, hay más diversidad temática, hay más conexión con los intereses ciudadanos y el rating fuerza a los canales a intentar entender mejor a las audiencias. Todo eso resulta en una televisión más vital. Me gustaría que las áreas dramáticas de los canales no estuvieran restringidas a las teleseries. Creo que hay un espacio importante para desarrollar productos dramáticos televisivos más allá de las teleseries, y me gustaría mucho ver ese desarrollo. Me gustaría ver más alianzas estratégicas entre cineastas, productores de cine y los canales de televisión. Creo que ahí hay un espacio importante de exploración del cual aún estamos bastante lejos; hay un potencial enorme.
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