
Lorena Ros Galdames
Psicóloga, Universidad Diego Portales.
Diplomada en Gerontología Social,
U. de Chile.
Certificate in Marketing.
University of California. Berkeley. (UCLA)
Consultor en Estudios de Mercado.
Profesora Facultad Psicología UDD.
En un Chile donde los cambios culturales, que vienen gestándose por años, se manifiestan cada vez de manera más contundente, las mujeres han asumido un papel central en la validación y sensación de confianza comunitaria en estos cambios. La mejor prueba de ellos es que hoy una mujer separada y jefa de hogar ha sido elegida presidenta de Chile en forma democrática.
¿Podría ser interpretado este triunfo como un espacio ganado por todas las mujeres? ¿Un triunfo histórico?. ¿Cuántas Michelle Bachelet hay en Chile, tal vez gobernando otros países, los suyos, sus propias Monedas?. ¿Cuántas de estas mujeres empiezan a validar su confianza?
Si miramos los principales resultados de la investigación cualitativa realizada por Mediática y Mediática y la Escuela de Psicología de la UDD a un grupo de mujeres ABC1 entre 18 y 35 años (ver artículo), nos encontramos con que la mayoría de las mujeres entrevistadas comparten una serie de características, aspiraciones y anhelos, aunque ciertamente, también se diferencian en otras dimensiones. Nos centraremos en aquellas que comparten y que hemos definido como los componentes de la mujer contemporánea.
En primer lugar, nos encontramos, sin excepción, frente a un grupo de mujeres que valoran el desarrollo personal y las relaciones interpersonales.
Para esta mujer la maternidad es central. Ser madre es el eje sobre el que gravitan las otras áreas de la vida. Construir una buena relación con los hijos, acompañarlos, apoyarlos, pasarlo bien, compartir momentos de distensión son algunas de los temas sobre los cuales se pone energía. Ser una madre presente, activa, enterada y partícipe de la vida de los hijos es una necesidad y ésta a veces se vive tranquilamente y otras con culpa porque siente que no está todo el tiempo que quisieran.
La propia realización, no importando en qué ámbitos sea, es decir, desde cuidar la casa y los hijos jornada completa, hasta trabajar en negocios propios o cargos de alta responsabilidad se relacionan con sentir placer por lo que se hace y reconocer en ello un aporte que trasciende a la propia persona, es decir, que tiene un efecto más allá de ella misma.
En segundo lugar, la relación íntima con otras mujeres resulta central y es un elemento casi terapéutico. Los espacios para conversar o simplemente reírse con otras mujeres son protegidos, cuidados y atesorados. Estos espacios no son intercambiables y ninguna otra relación proporciona el mismo tipo de placer y relajo que ésta.
Por otra parte, la pareja es quizá el mundo más complejo, donde las expectativas son altas y por lo tanto las frustraciones también. Es un espacio lleno de negociaciones. Sin embargo, para la mayoría de las mujeres es un espacio que no puede quedar vacío por mucho tiempo. Los sentimientos positivos que desata la experiencia de contar con un compañero hacen que aunque hayan pasado por experiencias no gratas las ganas de intentarlo una y otra vez valgan la pena. La soledad, desde el mundo de la pareja, es un estado que asusta y no agrada.
Creen que a los hombres les ha costado el cambio de las mujeres, pero principalmente, porque no se han permitido cambiar y transitar con ellas en una relación simétrica (que no significa lo mismo que igualitaria). Ven que hoy, en muchas relaciones, lo que predomina en las parejas es la competencia, en lugar del trabajo en equipo y el respeto por el otro como persona. Por otra parte, también sienten que les cuesta darle espacio de participación a los hombres en áreas de su dominio.
Estas mujeres se reconocen llenas de energías con capacidad para organizar muchas cosas al mismo tiempo. Además, la vida cotidiana llena de frentes diferentes (casa, trabajo, hijos, parejas, ellas mismas) las hace actuar sin miedo a los cambios, o al menos, con posibilidad de mirar nuevas alternativas sin temor a perder su norte. Si cambian de opinión no se sienten traidoras ni inseguras, sino por el contrario, activan su estado de alerta y lo evalúan como una instancia de crecimiento.
En general, el mundo de la tecnología no es un medio que dominan o por el que se paseen libremente. Sin embargo, no sufren por ello. Si hay que aprender se aprende, si existe la motivación la tecnología se vuelve tema y pueden llegar a ser alumnas avanzadas, sin embargo, sus áreas de experiencia son históricas y así lo sienten. Son expertas en relaciones, en leer emociones, en acoger sin preguntar, en ofrecer seguridad cuando el mundo se cae, en volver positivas y fuentes de aprendizajes las experiencias. Este es el mundo en el que navegan sin problemas y donde consistentemente refuerzan su condición de ser mujer.
Estas mujeres ya no están peleando por sus derechos, ni por parecerse a los hombres para poder ingresar a un mundo de dominio más masculino, a un mundo público. Están ejerciendo, están en el quehacer, en la puesta en práctica del discurso, pero desde la vereda de lo femenino. Vestirse de traje y corbata para ser respetada y escuchada en los ambientes públicos resulta anacrónico: hoy un bonito vestido les proporciona confianza y no hace tambalear sus capacidades sino, que por el contrario, les confiere solidez.
Saben lo que sucede, están informadas de lo que pasa en Chile y el mundo, pero también se ven enfrentadas a las noticias cotidianas que generalmente les llegan a través de los hijos. Hablar y tener una postura frente a la homosexualidad, la convivencia, la legalización de las drogas, la diversidad étnica y cultural son temas que las tienen constantemente pensando, porque como ellas mismas dicen: “ya no podís decir es así y punto...es así porque yo lo digo”.
Son las algunas de los rasgos de estas nuevas mujeres. Muchas de ellas sienten el cambio histórico que vivimos. Como son representadas estas mujeres y sus cambios en los medios es un tema abierto a la discusión.
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