El creciente proceso de digitalización de la vida cotidiana de las personas no pasa inadvertido. Aumenta el equipamiento tecnológico de los hogares, la tenencia de computadores (especialmente los portátiles), la cantidad de conexiones a Internet, se multiplica en forma exponencial la cantidad de teléfonos celulares.
En un contexto de desarrollo masivo del uso de estas tecnologías (y en general de cualquier servicio) no se advierten algunas líneas de análisis más complejas que el simple cálculo del volumen de venta.
En el marco de una indagación realizada por Subjetiva en marzo de 2007 se elaboró un índice de actitud a la tecnología combinando un total de 11 actividades relacionadas con tecnologías de información y comunicación realizadas en los últimos 6 meses. Sólo un 11% de la población se ubica en un “alto nivel” de actitud hacia la tecnología. El 36,7% está en un “nivel medio” y 52,7% se ubica en un “nivel bajo”. En general son los segmentos ABC1 y C2 y los jóvenes quienes tienen un nivel de actitud hacia la tecnología más alto.
Sin embargo, hay dos observaciones que se pueden rescatar que profundizan en el análisis de estos datos.
a) Los jóvenes no son un grupo homogéneo
Existen claras diferencias entre los jóvenes de 18 a 25 (quienes probablemente están cursando estudios superiores) y los jóvenes entre 26 y 35 (que deben estar incorporándose con mayor fuerza al mercado laboral).
Entre el primer grupo las actividades más frecuentes están relacionadas con el uso de las tecnologías para la entretención (chatear, bajar música y videos y en forma casi excluyente crear fotologs), en tanto que el segundo segmento de jóvenes deja de lado esas actividades e incorpora a sus hábitos digitales comportamientos tales como realizar trámites y hacer compras o transacciones.
El objetivo de muchas empresas es llegar a este segundo grupo de jóvenes, pero existe un campo fértil para quienes quieran posicionarse fácilmente en un segmento que aún no comienza una etapa más intensiva de uso transaccional de las TIC's (tecnologías de la información y la comunicación) pudiendo alcanzar mayores niveles de fidelización.
b) Los jóvenes están menos segmentados por GSE
Las tecnologías y el uso de éstas (a costos cada vez más decrecientes y con mayor nivel de penetración), hacen desaparecer como una variable de segmentación a la condición socioeconómica de los jóvenes. La barrera digital parece no responder al GSE, lo que se aprecia en las menores distancias entre los segmentos jóvenes de diversos estratos entre quienes se ubican en el grupo de personas con alta actitud hacia la tecnología. Si bien existen diferencias a nivel total por GSE, no se observan diferencias tan radicales en el grupo de 18 a 25 años. Los porcentajes de “alto nivel” hacia la tecnología son altos en todos los segmentos socioeconómicos y donde sí se observa un quiebre importante es en “la generación inmediatamente superior” (26 a 35 años).
Si se piensa en este dato como un proceso de largo plazo, se podría plantear como hipótesis que una de las principales herramientas de democratización, participación e igualdad social podría estar dado por el uso y valoración de las TIC's. Este es un proceso que aún no ha sido explorado a cabalidad, especialmente desde la perspectiva de actores y decisores políticos.
Del mismo modo, este dato puede constituir otra señal que corrobore el hecho de que las transformaciones de la sociedad chilena hacia una sociedad de clase media están manifestándose en todos los ámbitos. El uso intensivo de las TIC's pueden ser la punta de lanza en muchos segmentos de la población, pero en los jóvenes la tendencia es hacia la homogenización.
Internet, especialmente los fotologs, se han transformado en espacios masivos de expresión de las distintas identidades, que a través de otros estudios, han demostrado que no son identidades “deseables” o “aspiracionales” como ocurría en otros momentos históricos de la sociedad chilena.
Los jóvenes integrados al mundo digital ya no aspiran a parecerse a un joven ABC1, sólo buscan mostrar una identidad propia sin que eso mine su autoestima. Basta recordar todo lo que se ha escrito sobre pelolais y pokemones para descubrir que cada uno anda en lo suyo y que nadie aspira a ser lo que no es, porque no es necesario. Esa es una potente señal de desarrollo cultural que los analistas sociales deben tener en cuenta tanto para la planificación de políticas, el desarrollo de estrategias de mercado como para la elaboración de contenidos mediales.
Jóvenes y digitalización: tan lejos, tan cerca




