Columnas y Opiniones

Nancy Pérez Ojeda

Directora de Gestión del Conocimiento e Innovación Tecnológica

La realidad es que la inversión en Chile en ciencia, tecnología e innovación, es aún muy baja, 0.38 % del PIB. El sueño es que el Ministro Andrés Couve logre convencer al mundo político que es tremendamente necesario invertir más. ¿Cómo se convence de algo así a un sector que vive habitualmente del corto plazo y de la popularidad que gana con cada una de iniciativas que apoya? No está fácil, más aún si se tiene en consideración que una estrategia de este tipo es de largo plazo y que a nivel de apoyo ciudadano, esta iniciativa aún se circunscribe a una elite.

Se reconoce que Chile tiene buena ciencia, que hay buenos científicos, buenos investigadores, pero algo pasa que esa ciencia no se traduce en soluciones efectivas para la sociedad, y varios estudios relevan aquello. Algunos podrán decir “eso no es problema de la ciencia, sino que de las debilidades propias de un sistema de innovación inmaduro”. ¿Dónde poner la atención entonces, en más ciencia o en una buena estrategia de innovación que incluya, por cierto, la ciencia que se necesite?, estas son las opciones clásicas de los modelos lineales de la ciencia, bien obsoletos por lo demás. En la ceremonia de nombramiento del Ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, el Presidente de la República decía “la ciencia está en todos lados” y claro eso verdad, pero esta no está en forma de ciencia, sino que alguien se las ingenió para traducir esos conocimientos en soluciones reales a los problemas que en algún momento hubo.

Dentro de los comentarios que leí en redes sociales y que me hizo aterrizar la sensación que tuve durante la ceremonia, fue uno relacionado con las altas expectativas que se tenían del ministerio y que había que tener cuidado. Los desafíos que tiene que enfrentar la autoridad son, sin duda, tremendos, desde los problemas de gestión de Conicyt, en lo administrativo, a articular una estrategia país que logre concitar apoyo transversal, priorizando o no áreas estratégicas e instalando una capacidad operativa nacional y regional para la implementación de las políticas públicas en ciencia-tecnología e innovación, entre otras tantas materias.

En su definición, esta nueva Secretaría tiene que lidiar, por un lado, con el Ministerio de Educación, para alinear las estrategias de formación de capital humano avanzado y la de cultura científica en el sistema escolar, y, por el otro, con el Ministerio de Economía, para alinear la estrategia de innovación a los desafíos y necesidades tecnológicas de los sectores productivos existentes e, idealmente, contribuir a la diversificación de la matriz productiva. Dentro de su propio gremio debe, además, consensuar el justo balance entre la ciencia orientada por la curiosidad y la orientada por los desafíos país y en equidad de género, entro otros aspectos.

La estructura ministerial no parece facilitar la labor del ministro, se requerirá mucho apoyo político y de gestión para mostrar resultados, parece razonable ajustar las expectativas. Esperemos que estos apoyos estén, por el bien de quien no tiene aún participación en este cuento: la sociedad chilena.