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“El lobby del rector Pérez”

Por Eugenio Guzmán A., decano Facultad de Gobierno UDD

La semana pasada, en la inauguración del año académico, el rector de la Universidad de Chile, Víctor Pérez, hizo en su discurso un llamado al Gobierno para que incluya a las universidades del Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCh), al que pertenece dicho plantel, en la discusión del proyecto de ley para modificar el crédito con aval del Estado. Hasta aquí todo parece simplemente una declaración de intenciones; sin embargo, su tono cambia cuando asegura que “dado que estamos casi en mayo y todavía no se ha dado a conocer cuáles son los ejes de esta trascendental reforma, sólo cabe suponer que lamentablemente, al parecer, esta nueva política de gobierno se estaría desarrollando a oscuras, entre cuatro paredes y en un contexto que es preocupante”. Pero eso no es todo; adicionalmente agrega: “Tenemos que reconocer que aquí hay un lobby que está trabajando día y noche para ocupar recursos públicos y así hacer más rentable el negocio de la educación superior. Quiero reclamar por esta práctica, que no es transparente y que aparece como sospechosa y contradictoria con las prácticas democráticas”.

Sin detenernos en el lenguaje, propio de una lógica conspirativa y que extraña en la primera autoridad universitaria del país, lo que importa es preguntarse sobre algunos aspectos centrales de la situación de financiamiento de la educación superior, para posteriormente evaluar los dichos del rector Pérez. Veamos algunos antecedentes.

Actualmente, el 20% a que corresponden los alumnos de las universidades del CRUCh recibe el 80% de las ayudas para la educación superior provenientes del Estado (sic). Efectivamente, el 80% de becas, créditos, etc., que llegan a los estudiantes lo concentra sólo el 20%. Si consideramos que actualmente la mayoría de los estudiantes de menores recursos se concentran en instituciones no incluidas en este grupo de universidades, la verdad es que la situación resulta bastante poco equitativa.

Sumado a lo anterior, actualmente los estudiantes de las universidades del CRUCh que no son los más pobres del sistema, acceden a un sistema de crédito, el Fondo Solidario, que tiene, entre otras, estas características: se le aplican tasas de interés anual de 2% a los créditos; es contingente al ingreso del egresado, es decir, el pago o mensualidad no puede superar el 5% del ingreso del deudor; en situaciones de cesantía, el pago se suspende, y, además, tiene un plazo de 12 años para ser cancelado y a partir de allí se extingue. En total contraste, en el resto del sistema, donde estarían quienes supuestamente estarían haciendo lobby en palabras del rector, sus alumnos pueden optar por el crédito con aval del Estado, cuya tasa anual es de 5,6% (más del doble), correspondiendo a un dividendo fijo (que puede ser muy superior al 5% del ingreso) y no posee plazo para ser pagado; es decir, no se extingue.

Pero para mayor abundamiento, existen otros elementos de juicio. A saber, del total del aporte estatal a las universidades chilenas, el 91% lo reciben las universidades del CRUCh; es decir, el 91% del aporte fiscal directo, indirecto y otros fondos, como Mecesup, son asignados a dichas universidades, y sólo el 9% al resto. Situación inmejorable para dichos planteles y tremendamente desproporcionada para el resto del sistema de educación superior, en el que participan otras universidades institutos profesionales y centros de formación técnica, gracias a todos los cuales es posible el acceso a la educación superior de miles de estudiantes de menores recursos.

Ciertamente, se podrá discutir que lo que se encuentra detrás de todo esto es un asunto de calidad de los seleccionados a las universidades del CRUCh; no obstante, la realidad no parece ser tan clara en lo que respecta a este tema. El problema es otro, pues tiene que ver con la forma de corregir una situación de alta inequidad a la que miles de estudiantes que no pueden hacer lobby se enfrentan diariamente.

“El cerebro expandido”

Por Nicolás Copano, Periodista y docente UDD.

¿Puede ser un aparato más listo que su dueño? Cuando hablamos de los llamados smartphones (teléfono inteligente, al español) no sólo entregamos tal condición a una pequeña computadora que poco tiene que envidiar a la que está en la casa, si no también lo dotamos de una importancia poco imaginada hasta un tiempo.

Los computadores de bolsillo son pequeñas neuronas extra que la mente ganó. Nos agendan fechas, nos proponen visitar amigos, nos solucionan la vida como nada. Y sin duda son leales compañeros en momentos de máximo aburrimiento.

Primero tuve un Blackberry. Un aparatazo para reportear, conversar vía Twitter y Facebook y poder jugar a ser de la élite con el Blackberry Messenger. Con él obtuve más productividad pero menos contacto humano. Porque al fin y al cabo estas máquinas lo que conducen es a la sensación que tú eliges con quién hablar más allá de donde estés, eliminando lo físico para reemplazarlo por la sensación de llevar al mundo en el bolsillo.

Un día llegó el momento de actualizarme. Todos me decían “¡OS, iOS, sigue a Apple, somos millones.” Es verdad: los iPhones son encantadores desde donde se ve, pero comprarle otro aparato al tío Steve ya es demasiado. Entonces hice un acto transgresor y tomé el camino de Sony Ericsson: Android. No me decepcioné en nada. Al final Android es un mundo abierto, con aplicaciones de primera línea y la sensación que en cualquier momento los tipos van a hacer un movimiento y cambiarán toda la historia de la telefonía. Al final, Android es una fe en sí misma. Me meto a averiguar nuevos modelos (aguante el Are y el Play) y creo que de verdad es la opción más abierta. Lo mejor son los juegos gratis como Angry Birds y Plants vs. Zombies. Y también por supuesto la versión de Tune In Radio.

Muchos debaten ¿cuál es el mejor equipo a elegir? Mi respuesta siempre es: si quieres trabajar, lo tuyo es Blackberry. Si deseas ir a la vanguardia y divertirte lo tuyo es Android. En cambio si tu opción es la usabilidad toma ¡Phone. Finalmente también Windows Phone no es una mala jugada. Tuve en mis manos un Nokia con él y quedé gratamente sorprendido por su ¡nterfase. Es realmente interesante como sistema.

Ante todo, usa tu teléfono inteligente de la manera que se te plazca y desafíalo. Si responde bien, es el que tienes que dejar un buen tiempo y así recargartu cerebro.

“Muerte de Osama Bin Laden”

Por Jorge Sanz, Profesor de Geopolítica UDD.

Estamos enfrentados a un nuevo punto de quiebre. La muerte de Osama bin Laden va a despejar una infinidad de dudas con las que nos hemos acostumbrado a convivir desde hace 10 años. ¿Tiene Al Qaeda la potencia que se le asignaba? ¿Tendrá la resiliencia necesaria hoy sin su líder? Estados Unidos ha dado muerte al líder y al símbolo de un movimiento terrorista con base religiosa, que se atrevió a enfrentar a la primera potencia mundial en su propio territorio; con su muerte, EE.UU. ha saldado la deuda con su pueblo.

La duda permanece. ¿Tendrá Al Qaeda la fuerza para reponerse? ¿Qué debemos esperar? Aiman al-Zawahiri deberá recomponer rápidamente la moral de sus células y demostrar, a través de sus formas de actuar, que están enteros, probablemente dando más libertad a sus componentes esparcidos por el mundo, para planificar y actuar en contra de los intereses de EE.UU. y sus aliados.

El tiempo de espera para ese atentado tendrá directa relación con la capacidad desconocida de Al Qaeda y con el apoyo o concurrencia de otros grupos religiosos extremos como los Hermanos Musulmanes o la red internacional de Al Qaeda en el Magreb o Yemen. Se reactivan las alertas, pero con un poderoso terrorista muerto y una organización, evidentemente, con sed de venganza.