Joaquín Lavín: “El gen emprendedor está profundamente presente en todos los chilenos”

El director del Instituto de Emprendimiento UDD y fundador de la Universidad del Desarrollo sostuvo que el cambio tecnológico, en especial la irrupción de la inteligencia artificial, está democratizando el emprendimiento.
Cada 29 de abril en Chile se celebra el Día Nacional del Emprendimiento. Una fecha que recuerda la creación de Corfo en 1939 y que busca destacar a quienes, con sus ideas, generan empleo e impulsan el desarrollo económico y social del país.
En este contexto, Joaquín Lavín, fundador y director del Instituto de Emprendimiento de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad del Desarrollo (UDD), analiza el estado actual del emprendimiento en Chile, los desafíos que enfrentan quienes eligen este camino, y el rol que juegan las universidades, no solo para impregnar en sus alumnos este espíritu, sino también como centro de pensamiento y debate de políticas públicas.
¿Qué rol tiene el emprendimiento en la economía de un país?
En primer lugar, creemos firmemente en que son los emprendedores los que cambian el mundo. Son quienes transforman una idea o un sueño en un proyecto o una realidad; que los hace cambiar y crecer como personas, porque son capaces de crear empleo, impactando a otras personas y a otras familias. El emprendimiento es el motor del desarrollo de una economía.
A eso agregaría que el cambio tecnológico y, especialmente, la irrupción de la inteligencia artificial está democratizando mucho el emprendimiento. Hoy se ve en el mundo que una o dos personas, con el apoyo de la inteligencia artificial, son capaces de crear algo grande. Hay una nueva oleada de emprendimientos que tienen que ver precisamente con estos cambios tecnológicos.
¿En qué está hoy el emprendimiento en Chile?
El emprendimiento siempre se da en un contexto, y lamentablemente en los últimos años, y esperamos que eso cambie, el contexto ha sido difícil, porque hemos estado en una economía que ha crecido poco y ha pasado por distintas crisis. Y eso, obviamente, que afecta el emprendimiento, que, para desarrollarse, necesita de políticas públicas que lo acojan y lo potencien.
Pese a todo, el gen emprendedor está profundamente presente en todos los chilenos, se da en todos los sectores socioeconómicos, en hombres y mujeres y en todos los rangos de edad. Hoy se ven personas que al jubilar deciden emprender para complementar a sus ingresos, a migrantes, a mujeres emprendedoras que ven en las redes sociales una oportunidad. Hasta emprendedores tecnológicos que son proveedores de las grandes empresas y polos de desarrollo en Chile, como pymes que trabajan con las salmoneras, con la minería del norte, con el cobre, el litio o el sector forestal. Hay emprendimientos que se han transformado en lo que se llama emprendimientos de base científica y tecnológica, que son los que a la larga demuestran mayor capacidad de generar valor en la sociedad.
¿En qué áreas se están desarrollando los emprendimientos y cómo han sido las políticas públicas para fomentarlos?
Hay oportunidades en todas las áreas y depende mucho de las personas. Hay gente que nace con talento emprendedor, siempre pensando qué hacer, qué vender, qué fabricar. Pero ese gen también se transmite y se educa, y hay emprendedores que lo han sido por vocación y otros que lo han sido por necesidad, porque quedaron sin trabajo o tuvieron que generar ingresos para su familia. Se ve mucho en el caso de la mujer emprendedora: ante una dificultad, es capaz de sacar esa garra que le permite crear algo y salir adelante.
Los emprendimientos que más prosperan son los que tienen que ver con las grandes áreas de desarrollo de la economía chilena: la minería, la acuicultura, la salmonicultura y la agroindustria. Los que van empujados por esas tendencias son probablemente los que más crecen y más empleo generan.
En cuanto a políticas públicas, Chile tiene una característica desde hace 16 años, cuando se creó Startup Chile en 2010: hay una política de Estado que va más allá de los gobiernos para fomentar el emprendimiento. Siempre falta, pero existen apoyos como los de Corfo y Sercotec, con diversos programas según la etapa del emprendimiento. También está el ecosistema que han ido generando las propias universidades, como la UDD.
¿Cuáles son las principales brechas que dificultan el espíritu emprendedor en Chile?
Si le preguntas a los emprendedores, hay tres grandes brechas. La primera es la burocracia, que a veces hace que un emprendimiento no alcance a nacer: los permisos, los trámites, la permisología en general asfixian muchos proyectos antes de que puedan despegar.
La segunda es la brecha tecnológica. El cambio tecnológico es tan rápido que todo va quedando obsoleto muy rápidamente. Incluso las profesiones del futuro van a cambiar. Lo que uno estudia hoy no sabe cuántos años va a servir, porque hay que readaptarse.
Y la tercera es el acceso al financiamiento. Hay personas con más redes y más posibilidades de obtener apoyo económico para su proyecto, y otras que no. Eso obliga a veces a partir más pequeño, a buscar financiamiento en el Estado o entre familiares y amigos. Pero aquí lo que importa es la perseverancia y la persistencia: una persona con el empuje emprendedor es alguien que finalmente es capaz de derribar esas barreras y salir adelante.
Más allá de crear una empresa propia, ¿qué competencias se desarrollan al fomentar el emprendimiento en el ámbito educativo?
Yo mencionaría dos. La primera es el trabajo en equipo y el desarrollo de las habilidades blandas. Hoy la tecnología está al alcance de todos y cualquiera puede usar inteligencia artificial. Pero los emprendedores que van adelante son los que tienen la habilidad social de trabajar en equipo, de buscar los socios correctos, de comunicar su idea para conseguir financiamiento, de vender. Todo el desarrollo de las habilidades de comunicación y trabajo en equipo es fundamental.
La segunda, y muy importante también, es la resiliencia. El emprendedor tiene que ser como un mono porfiado: que le peguen y se vuelva a levantar. Ser capaz de enfrentar la adversidad y que esa adversidad no te derrote. Eso tiene que ser clave en el espíritu emprendedor, porque detrás de un emprendedor exitoso hay probablemente varios fracasos previos. Nos gusta que los alumnos sepan eso, y que los emprendedores que vienen a hablarles les cuenten también esa parte difícil, no solo la bonita. La resiliencia es una habilidad que se construye y se aprende.