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Con teoría de juegos, investigadores UDD identifican factores clave para que los escolares formen vínculos cuando están en grupo

Las relaciones entre compañeros son clave en la experiencia escolar y en el desarrollo infantil. Sin embargo, no todos los niños y niñas las viven de la misma manera. Basta pensar en una escena habitual: el profesor de educación física elige dos capitanes y cada uno va escogiendo a sus jugadores. Mientras algunos esperan con tranquilidad, otros enfrentan ese momento con angustia por el temor a no ser elegidos. ¿Resulta una imagen familiar? 

Una lógica similar fue la de un grupo de investigadores del Centro de Investigación en Complejidad Social (CICS) de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo (UDD) en su estudio “El autismo moldea la integración social y la reciprocidad en las aulas de educación básica”, publicado en la prestigiosa revista Scientific Reports del grupo Nature. 

La investigación analizó cómo se configuran los vínculos sociales en cursos de enseñanza básica, centrándose específicamente en los desafíos que enfrentan niños y niñas autistas en sus salas de clases y en las dificultades que se observan al momento de establecer relaciones con sus compañeros. 

Con este objetivo, se combinó teoría de juegos y análisis de redes para observar de manera directa las dinámicas sociales, así como los elementos que facilitan o limitan la formación de lazos entre pares. El cruce entre estas herramientas teórico-experimentales y la psicología permitió obtener una nueva “fotografía” sobre cómo se configuran las relaciones al interior del aula. 

El equipo estudió a 625 niños y niñas de 6 a 11 años de seis escuelas chilenas, a quienes se les aplicó un juego computacional, Game of the Stars, que fue diseñado por los propios investigadores en conjunto con los desarrolladores chilenos NieblaGames e InvadeLab. En esta experiencia, cada estudiante escogía a diez compañeros y distribuía entre ellos “estrellas”, un recurso ficticio que permitía visualizar sus preferencias sociales reales. Con esta información, los académicos reconstruyeron mapas de interacción de cada sala estudiada. 

Resultados e implicancias del estudio 

En términos generales, los resultados del estudio muestran que los estudiantes autistas, así como aquellos con necesidades educativas especiales, tienden a ocupar posiciones más periféricas dentro de las redes sociales de sus cursos. En el caso de los niños y niñas autistas, el efecto fue más marcado: fueron elegidos menos veces por sus compañeros, recibieron menos “estrellas” y participaron con menor frecuencia en interacciones recíprocas, un componente clave para la integración y el sentido de pertenencia escolar, lo que se traduce en menos oportunidades de vinculación. 

Uno de los hallazgos más relevantes es que estas diferencias en la integración no se explican por estrategias de discriminación o de reparto injusto, ya que —en general— las estrellas se distribuyeron de manera equitativa. Esto sugiere que las brechas de participación tienen que ver más con las dinámicas sociales del grupo que con intenciones explícitas de exclusión. 

Patricia Soto-Icaza, investigadora CICS-UDD

“Lo que observamos no es falta de interés por relacionarse. El desafío surge porque las formas de comunicación y expresión social de los niños y niñas autistas no siempre coinciden con las de sus compañeros, lo que puede generar malos entendidos o vínculos que no terminan de consolidarse”, explica Patricia Soto-Icaza, una de las autoras del paper e investigadora del CICS UDD. 

Aun así, la académica advierte que no existe un “perfil único” de autista dentro de las redes sociales. “Un análisis más detallado mostró que algunos niños autistas eran muy centrales, otros actuaban como puentes y un tercer grupo tenía menos conexión social. Ese nivel de diversidad evidencia la importancia de mirar el autismo más allá de estereotipos y diseñar apoyos personalizados”, agrega la académica UDD. 

Una mirada relacional de la inclusión 

Los investigadores UDD señalan que la inclusión no se puede entender sólo como la presencia física de estudiantes autistas en aulas regulares. “La integración social requiere trabajo activo: comprensión, acompañamiento docente y un entorno educativo que valore formas distintas de comunicarse”, enfatizan. Además, existe la necesidad de entregar herramientas específicas a profesores y equipos escolares para promover relaciones más equilibradas y ambientes de convivencia que reconozcan la neurodiversidad. 

Desde esta perspectiva, el estudio propone una mirada relacional de la inclusión. A través del análisis de redes, los investigadores pudieron observar cómo los vínculos se construyen colectivamente dentro del aula, superando una visión centrada únicamente en atributos individuales. Este enfoque interdisciplinario, que articula neurodesarrollo, teoría de juegos y análisis de redes, permitió capturar dinámicas reales de interacción y comprender la integración como un fenómeno compartido por toda la comunidad escolar. 

En este contexto, la reciprocidad se entiende como un proceso bidireccional. Por una parte, niños y niñas autistas pueden enfrentar desafíos para establecer relaciones recíprocas, asociados a diferencias en la comprensión de estados mentales propios y de otros. Por otra parte, estas dificultades también emergen cuando personas autistas y no autistas no logran compartir un mismo marco de referencia sobre la interacción social, lo que genera brechas en la comprensión mutua.  

Desde esta mirada, la inclusión no recae en un solo actor, sino que supone un esfuerzo compartido, donde todos los integrantes de la comunidad educativa participan en la construcción de vínculos significativos. 

Las tendencias observadas fueron consistentes y abren el camino para futuras investigaciones con muestras más amplias. “En un contexto donde crece el interés por mejorar la convivencia y la inclusión escolar, este estudio chileno aporta evidencia inédita y propone una mirada relacional: no basta con pedir a los niños y niñas autistas que se adapten, sino construir entornos donde todas las formas de ser tengan espacio”, concluye Patricia Soto-Icaza, investigadora del CICS UDD. 

Cabe destacar que esta investigación es parte de la tesis para el Doctorado en Ciencias de la Complejidad Social UDD de Melanie Oyarzún y contó con la participación de los académicos del CICS, Cristian Candia, Carlos Rodríguez-Sickert y Pablo Billeke; de Mirla Arcos-Polanco, de la Universidad Autónoma de Madrid y de la Universidad Viña del Mar; y de la socióloga Tamara Yaikin. 

Para leer el paper completo, ingresa aquí: https://www.nature.com/articles/s41598-025-24190-6